jueves, 28 de junio de 2007

El consumo de coca entre los jóvenes asturianos se triplicó en una década

Proyecto Hombre atendió en los tres últimos años a mil cocainómanos, que han desplazado a los heroinómanos como colectivo más numeroso

Rafael SARRALDE
Coca, farlopa, perico. En cualquiera de sus acepciones, la cocaína se extiende por la noche asturiana, donde alcanza su mayor intensidad a partir de las cuatro de la mañana. «A partir de ese pico horario, el consumo se dispara», según José Ramón Riera, director general de Prestaciones Sanitarias del Principado. El consumo de esta sustancia se ha triplicado entre los asturianos más jóvenes. «Entre 1994 y 2004», afirma Riera, «se multiplicaron por tres los jóvenes entre 14 y 18 años que declararon haber consumido esta droga en los últimos doce meses».

Según las cifras del Observatorio sobre Drogas, el 7,1 por ciento de los asturianos en esta franja de edad la había esnifado recientemente. En el caso de los mayores de 18, el consumo se ha duplicado en la última década. Baja, además, la edad de inicio en el consumo, situada en 16 años, y disminuye la percepción de riesgo. «La cocaína es nuestra mayor preocupación tras el alcohol y el tabaco, porque, aunque se consume más cannabis, la coca es la que produce efectos más negativos», admite José Ramón Riera, que atribuye esta baja percepción del riesgo a que «se piensa que la coca es la sustancia que consumen los yuppies, se asocia al éxito: los jóvenes asocian esnifar a ser una persona guay».

Una raya cuesta en el Principado en torno a cuatro euros, menos que una copa y la mayoría de las veces van asociadas. Por eso el Ministerio de Sanidad quiere contar con los hosteleros. El presidente de la Asociación de Hostelería de Asturias, Alfredo García Quintana, está dispuesto a colaborar y firmará un convenio con Sanidad, cuyo objetivo es «conseguir que el consumo sea difícil en bares y discotecas». El punto álgido está en los baños. García Quintana propone «no dejar pasar a más de una persona, siendo conscientes de que estamos hablando de locales públicos y de que no se puede entrar a los baños cuando una persona está dentro».
El director de Proyecto Hombre, Luis Manuel Flórez García, «Floro», asegura que los cocainómanos son los que más solicitan la ayuda de esta asociación. Hasta 2004, los heroinómanos encabezaban las estadísticas. Los adictos a la coca que llegan a Proyecto Hombre (unos mil en tres años) son jóvenes, en torno a 30 años. ¿Se curan? «La mayoría puede deshabituarse, pero todo depende de la voluntad del drogadicto».
Caldo de cultivo
Para Floro, en España hay un «caldo de cultivo» abonado al consumo de droga, lo que explica titulares de prensa como los que acaba de proporcionar la ONU. «Hemos pasado de una etapa de miedo a la droga a otra de banalización del consumo; la percepción del riesgo es muy baja y la oferta en la calle es muy alta».

Según los datos del Informe Mundial sobre las Drogas 2007 publicado por la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (ONUDD), España se ha convertido por primera vez en el país del mundo con mayor tasa de consumo de cocaína, con un 3% entre los españoles entre 15 y 64 años, por delante de países como Estados Unidos y Canadá. España también ha conseguido batir un récord superando en 4 veces la media europea en este consumo.

Según Roberto Secades, profesor titular de Psicología de la Universidad de Oviedo y autor de varios estudios relacionados con el consumo de cocaína, estas estadísticas obedecen a tres razones fundamentales: a que la cocaína entra en Europa a través de España «y muchos paquetes se quedan aquí», lo que favorece un abaratamiento de los precios y una mayor oferta, «y la accesibilidad está ligada al consumo»; al incremento del poder adquisitivo de los españoles, y al hecho de que esta droga aún conserva cierta imagen social positiva («está ligada a valores de triunfo, diversión o relaciones sociales»).
Pero la coca, advierte Roberto Secades, genera tantos problemas como la heroína y aquellos que han abusado de ella durante años «están muy tocados psicológicamente»: muchos arrastran trastornos depresivos y de personalidad «que complican los tratamientos».

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