martes, 26 de junio de 2007

El «crack» desembarca en Asturias

Se trata de uno de los estupefacientes más adictivos y puede crear hábito desde la primera vez que se consume

La detención de siete personas -cinco en Langreo, otra en Laviana y una séptima en Extremadura- en relación con un alijo de 140 gramos de «crack», ha despertado las alertas en la región. No es de extrañar, ya que el «crack», considerada la cocaína de los marginados, es una de las drogas más adictivas que se conocen, ya que puede enganchar desde la primera vez que se consume, aunque puede tardarse entre dos y tres semanas.

Según fuentes policiales, en Asturias viene siendo consumida por drogadictos de largo recorrido, sobre todo heroinómanos, o politoxicómanos, pero los expertos no advierten una línea de continuidad entre el consumo de cocaína «esnifada» y el «crack», que se fuma por medio de una pipa de cristal, con un papel de aluminio -como el «chino» de heroína- o incluso en un canuto de hachís o marihuana. De hecho, un vistazo a las estadísticas de una asociación como Proyecto Hombre, revela que muy pocos cocainómanos al estilo más extendido terminan consumiendo «crack», un nombre que viene del sonido crepitante que producen los cristales de droga al quemarse.
En Asturias, según la memoria del fiscal antidroga, José Perals, durante el año pasado no fue incautada cantidad alguna de esta droga. Sí hubo aprehensiones a nivel nacional, aunque en cantidades mínimas: 350 gramos.
Según indicó el comisario de Langreo, el tipo de consumidor al que suministraba la banda desmantelada es «el más enganchado». Pudo haber consumido alguien «por novedad», pero generalmente se trataba de politoxicómanos que «buscan un mayor efecto de la droga o más inmediato». El «crack» tiene unos efectos casi automáticos -5 u 8 segundos-, aunque a los diez o quince minutos han desaparecido. Por este motivo, los toxicómanos enganchados a este tipo droga la consumen «de forma compulsiva».
Aunque se ha denominado «la droga de los pobres», en el caso langreano esto se aleja de la realidad, puesto que el gramo se vendía a 120 euros. Esto es así porque, frente al «crack» tradicional, que se hace a partir de la pasta base de cocaína o basuco -mezclada con bicarbonato-, y que por tanto es de ínfima calidad y muy barata, la que se suministraba en las Cuencas se hacía a partir de clorhidrato de cocaína o cocaína pura, con el consiguiente aumento de los efectos y del coste.

Inicialmente, el «crack» que presuntamente manejaba la banda procedía de fuera de la región pero, poco antes de ser detenidos, los miembros de la red ya habían hecho sus primeros intentos de elaborar la droga en un laboratorio improvisado.

Los datos de evolución del consumo pueden ser preocupantes. Según la estadística reflejada en la última memoria de Proyecto Hombre, un 9,68 por ciento de los 186 toxicómanos a tratamiento consumía de forma habitual «crack»; un 5,38 lo consumía de forma esporádica; un 1,61 lo probaba rara vez y otro 6,45 por ciento sólo había probado una vez.

En total, 43 de los 186 toxicómanos -es decir, casi el 25 por ciento, frente al 15 por ciento de los 193 toxicómanos atendidos en 2005- lo consumían de forma habitual o lo había probado con mayor o menor frecuencia, estableciéndose la edad media de inicio en este consumo a los 23 años. Un 8,6 por ciento del total señalaba además que se había sentido dependiente de la sustancia. Sólo un 0,98 por ciento de los 186 cocainómanos a tratamiento confesaron haber probado el «crack».

El porcentaje se elevó casi al quince por ciento de los 64 heroinómanos que iniciaron un proceso de desintoxicación, un 3,13 por ciento de los cuales, además, se habían sentido enganchados al «crack». Sólo uno de los menores atendidos por Proyecto hombre consumía «crack», y se había iniciado a los 15 años.

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