martes, 3 de julio de 2007

Sorpresa

josé manuel ibÁñez

Yo no sé si esto tendrá vuelta de hoja, dado que la política, dicen, es el arte de lo imposible. Así que un día «fumata» blanca y a las pocas horas ésta se convierte en negra.

Confieso que a uno le cogió totalmente descolocado la ruptura del teórico pacto de gobierno entre el PSOE e IU para el Principado de Asturias. Tanto, que mi columna del fin de semana ya estaba en la redacción a la espera de ver la luz, y del pacto iba, pero en buena lógica en otra dirección muy distinta a lo que ahora mismo se nos ofrece. Sorpresa supongo que para muchos, dado que la imagen que unos y otros ofrecieron hasta la fecha parecían los pequeños rifirrafes habituales, o quizás órdagos en un juego con las cartas marcadas, pero con la impresión de que, pese a ello, todo llegaría a buen puerto.

Lo cierto es que IU tenía unas cuantas patatas calientes en su haber, que les iban a resultar difícil justificar ante sus votantes una vuelta atrás, o templar gaitas. Como simples muestras, el proyecto del embalse de Caleao, el Hospital de Parapléjicos en Langreo, o la oficialidad del asturiano.

Por la otra orilla, en el PSOE, hace tiempo que personajes influyentes en el partido estaban hasta el gorro de sus socios de gobierno hasta ahora. A estas alturas del guión, resulta imposible predecir lo que va a suceder. Si la ruptura toma visos de realidad, y no hay vuelta atrás, la «movida» va a ser considerable, dado que los acuerdos incluían los gobiernos municipales, así que menudo cacao. Poca visión de futuro tengo cuando la columna desechada llevaba el título de «Tranquilidad», justamente lo contrario de lo que se nos viene encima. Aunque como decía al principio, en temas de este tipo se pasa del blanco al negro en un minuto.

Los entresijos los sabrán ellos, pero si como nos dicen es IU la que ha roto las relaciones, no deja de ser todo un síntoma de coherencia, aunque les suponga una dura travesía de cuatro años por un desierto en el que se van a encontrar, en contraposición con los días de vino y rosas de los últimos tiempos, con «sardines salones y anchoes», y no les va a resultar muy agradable. Sorpresa grande, por ahora; de todos modos, no descartemos nada.

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